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Cielo meridional, vinito de mantel blanco. Suspiro del alba que clarea a mares. Luz incipiente que descubre  la quietud de la rada. 

Abra batida por hélices. 

Arada por agudas proas que trazan los primeros surcos en el angosto puerto de mar. Las ondulaciones sucumben, una tras otra, contra el granito: el guardián  del malecón. 

Rompen contra el costado de bajeles y diques. Balancean cascos y alborotan la vida alada. Y conmueven con ese deje a mar inquieto, estrellado y oblicuo contra el otro lado.

Cau la nit serena. Ho fa, entre escletxes de   cotó  que encloten el cel. Malgrat tot, la nit, de dol avui, traça un contorn de   lluna minvant, esmorteida per  opacitats passavolants que suren devant del satèl·lit. Aquesta nit, ben disposada, els núvols  són, més aviat, un contrapunt vaporós.

Un hi ha cops que creu que ho sap tot i, contràriament, el que no sap és, que  sap molt de blanc.

Certament es fosc, negre nit, la cual cosa no em priva de endevinar com quelcom m’empeny la vida entremig d’una claror migrant. Però em satisfà sentir-me així: viu i mort. Vull dir de ningú i de tots, perquè un sempre pertany als demés per més que ho vegi diferent per l’ ignorància que genera no contemplar altres possibilitats. Com donar. Donar-te. Besar la terra mentre mires amunt, esdevé  totalment cert més enllà de tu. És com ser viu a un altre indret. Pot ser el  pensament que m’escriu en sap de tot plegat. Déu-n’hi-do.

Difícil trobar el llindar d’un mateix. En el benentès de ser quelcom. A tot estirar delimitats pel temps,  vull dir; perquè contra més passen els dies,  més em sento convençut de que sóc pols, tot i res. Tres: la meva ombra, una declaració d’intencions i jo. Trobo a mancar que sóc el meu propi límit. I me’n adono de ser una part ínfima d’algo més gran.

 

Un suave balanceo mece el vagón y al escaso pasaje que  viaja en su interior. 

El tren se emplea a fondo con la oscilación aleatoria,  y no tanto con la presteza con la que quizá debería circular. Parece no llevar prisa. Yo, un poco entretanto escribo estas palabras. 

En cualquier caso el ferrocarril circula impasible por la vía, traquetea y chirría. Su movimiento propicia que la modorra conquiste a casi todo ser humano sensible a ésta. De hecho, casi se apodera de mí. Nada nuevo y todo por ver. Entonces, libero un bostezo. 

Hoy he dormido poco, y a intervalos de no más de un par de horas a lo sumo, para finalmente acabar desvelado y leyendo las memorias de Ingrid Ghering a las cinco de la mañana, echado sobre la cama, apoyada la cabeza sobre un cojín que a su vez descansaba sobre la almohada, y a la luz de una lámpara de noche …

23 Jun 2024

INGRID

Bienaventurados tus ojos. Modesta tu mirada. Octogenaria tu edad.

Ahora no quiero hablar con nadie salvo contigo; y por primera vez contártelo todo; y que conozcas mi vida entera, esa vida que siempre ha sido tuya sin que tu lo supieras. Aunque mejor escribirte porque asi, a lo mejor,   las palabras se salven contigo.

Quizá de esta manera conozcas mi secreto cuando haya partido, cuando no sea necesario darme respuesta, ni pedirme razones, porque mis sentidos estarán apagados, porque no estaré, y con seguridad, en un momento u otro, seré olvidado. Y no me vengas con eso de que la huella perdura, si acaso lo que dura un pestañeo, pero este acostumbra, por hache o por be, devenir  olvido una vez apartados de esta breve vida que solemos considerar eterna. 

Acostumbro a decir que no somos nada, a lo sumo poca cosa; que nada es para siempre, ni siquiera gran parte de nuestras horas y obras. Que estamos de paso.

Es cierto que ya he consumido mucho tiempo y que éste siempre  empuja hacia el límite para acabar y ganar la partida a la vida para, quizá, renacer. Aquí y ahora me creo afortunado en ésta,  por lo que estaría bien que otros que no hayan tenido tanta fortuna, tuvieran una oportunidad  más dulce. Quizá por eso creo en el renacimiento, sobretodo para que a otros les alcance esa oportunidad más dulce.

Pero, sobretodo, las horas están hechas para pasar, para gastarlas, pero no es prudente que escasee la conciencia a que se destinan y eso, amiga,  es un desafío derivado de que uno no quiere darse cuenta de cuanta vida le queda guardada en los bolsillos mientras la gasta.

Hubo un instante que sentí lo que después sentiría con todo el mundo que no está y que me acompañó de una manera u otra: una especie de vacío reconocerme efímero, todo y que lo recomendable es tener fe, ser agradecido, y apagar lo que se ha prendido con el último aliento.

A aquesta hora del capvespre, mentre em disposo a fer un tomb pel port de l’Ametlla de Mar com de costum, el temps zalpa gairebé solitari.

De camí he creuat la plaça Nova i passat per devant de la terrassa del bar on un dia vam seure. Des de llavors no he tornat. 

Bufa una brisa de mistral, val a dir que  lleugera  però igualment gelada i punyent, condició suficient per no sentir-se tan a gust passejant com altres capvespres, però  som a l’hivern.

Tot  és passatger i perfectament impredecible; les estacions de l’any no son indiferents. Res de nou, però hi ha vegades que m’ho tinc que recordar.

Tres ombres infantils,  immerses a la…

03 Jun 2024

PRECIOSO

Domingo, 2 de junio. De nuevo he visto la muerte de cerca. 

Eras de color amarillo y suave plumaje. Vivo, alegre y divertido. ¡Piabas!Levemente movías tus alitas.  

Te quería llamar Rimpoché. Me dijeron que no tuviera prisa pues eran cruciales los primeros días de vida  y que además  la inicial debería ser la letra “p”, como la de todos tus progenitores.

A mi me daba igual todo eso, quería darte un nombre para poder llamarte en el futuro, fuera cual fuese, así que te puse Precioso; con “p” inicial. Ahora  caigo que es una de las traducciones de Rimpoché (tb. Rinpoché). Dicen que no existe la casualidad, si acaso la causalidad.

Ahora descansas en el jardín de la casa labriega.  Unas piedras delimitan y …

Escribo sobre blanco. Anoto al compás de las horas y de las olas del mar.

Desde pronta edad,  tragué que había algo que descubrir más allá del horizonte. Algo nuevo, desconocido. Una expectativa dibujada a mi manera, claro. Ahora, acepto resignado que no había nada más. Y es que la existencia de uno se modela, de no estar atento,  bajo el influjo de los  pensamientos.

Aquella rebeldía se  balancea aún hoy,  aunque regida por  el equilibrio  de la 

Lejos pero cerca queda la isla. Remota para el alcance de según que ojos. Alejada por la distancia. Cierto. A mano, sin lugar a dudas, para el poso del recuerdo.

De vuelta, ya de nuevo en la casa labriega, mientras transcribo unas notas, algo, un mariposeo, aletea  por dentro. Quizá  debido a preocupaciones mundanas;  o al vivo recuerdo de un puñado de días. Acaso porque otro principio quede  más a mano.

En todo caso fueron días excepcionales en la isla;  y eso que  me siento  un extraño. A veces concluyo esto, que soy un bárbaro; otras, que aún siéndolo me perdone porque somos, en esencia, islotes.

Y me dejo guiar por el alma. Me devuelve al lugar navegando. Me refiero a   ese horizonte mediterráneo en donde cabalga Cabrera. Sus andanzas suceden ante las aguas del cabo Salines. 

Ya a esta hora de la mañana, el faro, siempre presto a encender la noche,  se …

El jardín de la casa labriega donde habito tiene dos partes bien definidas: la soleada y la sombreada. Concluyo que  una  pertenece al sol y la otra, a la luna. La primera es acariciada a menudo  por el mediodía:  el sur, pero sin llegar a encontrarse de frente con su mirada. La segunda,  también es por poco que no consigue mirar con plenitud, pero a los ojos del  norte.

Personalmente, a partir de la primavera, siento inclinación por la de la   luna, pues en mí opinión resulta más íntima siempre y recibe más luz solar que en invierno que permanece bajo la penumbra de la construcción  convirtiéndola  en umbrosa. Pero cierto es que cada noche del año me siento devoto de  ella, con independencia de la época, porque en las noches de luna  tiñe de blanco la tierra calcárea y la vegetación del parterre  con su reflejo, dotándola  de cierta calidez fría con reminiscencias fantasmagóricas.

Esas noches de plenilunio que visten con tono pálido al entono, suelo …

24 Abr 2024

AZUL

 

El mar: paño de altar teñido de magia azul, blanco y plata. Un bioma acuoso y ondulado que se extiende hasta donde se dobla el horizonte. En los confines de su cara oculta, se deslizan las aguas  para alcanzar en tropel  un lugar sobrio e infinito que abre la puerta al alma. Pero en lo bajo y lo alto del arco,  mar y  cielo se esfuerzan en aparentar,  inmutables y fundidos en una caricia los dos, pertenecer a  una mismo perfil, una sutil línea de altura lejana y remota  que no se fragmenta. Es luz propia de un destello de fulgor abisal, certero,  que se expresa mediante su refulgir  bajo el manto celeste que cobija  siempre la Estrella de los Mares.

Puede que el color de la verdad  se corresponda con la visión profunda  y el desapego, la intuición y la meditación; la inconstancia y el olvido; incluso con el cambio. Pero no cesará de ser azul. En ocasiones tan oscuro como la noche; otras, claro, celeste, casi Clara luz.

Este momento zarco y espléndido se asemeja a un corazón oculto que renace ligero como una pluma. Plenitud desde aquí y ahora, inalcanzable aunque latente y llena de esperanza. Es la nostalgia en este momento y luego índigo del mar y del cielo a veces. Quizás  ambos orígenes divinos y leyendas. Y tal vez por esa razón, al colmar la retina de azul, nos sabemos como en casa.  

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Me gusta deslizarme entre la música; caricaturizar las sombras y reírme de ellas. Dejar el globo de mi imaginación remontar el cielo
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